jueves, 19 de marzo de 2015

Tu mar




El adiós se diluyó en las bravas olas.
Te retiraste seguro, caminado lento,
Y yo, presa del dolor y el desconcierto,
Me quedé quieta, vengativamente loca,
En la agonía que el abandono provoca.
Así, me hundí en tu mar y en mi  silencio.
La marea llegaría con la tarde fresca,
Anunciando un ocaso en vuelo eterno.
Quedaría sola la playa, en Torrevieja.


Agosto 2012


3 comentarios:

  1. La desolación que deja el adios..
    Intensas y bonitas tus letras, un beso

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  2. Hola, Zunilda, doloroso este poema, sobre una herida abierta a la que le cuesta cerrarse, como contrapartida, el jardín de tu blog tiene un aroma especial.
    Un abrazo

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  3. si no se puede retener lo amado...es mejor verle marchar
    y al final descansar de tanta angustia
    y de incertidumbres...

    estes bien amiga

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